Carlos Peschiutta (productor de la Estancia San Pablo) habló con este medio y dijo que la cifra es alarmante y el diagnóstico, contundente: cerca de 31,000 perros circulan sueltos por las calles de Río Grande, Tolhuin y Ushuaia. Pero el problema no se queda en las veredas. Lo que comienza como una falta de tenencia responsable en los centros urbanos se traduce en matanzas sistemáticas de animales en las estancias de la provincia.
“El perro asilvestrado no conoce gente ni pueblos; los perros que llegan a la ciudad o atacan cerca de ella es porque vienen de las casas”, afirmo un referente del sector ganadero, desmitificando la idea de que la fauna silvestre es la que invade la ciudad. Según el productor, el flujo es inverso: el abandono urbano alimenta la jauría rural.

Un impacto económico y ambiental.
La crisis ha diezmado la producción ovina. “Perdimos la mitad de las ovejas que teníamos”, relata Peschiutta, quien este año también sufrió la pérdida de 9 novillos. Los ataques no distinguen especies: desde 150 ovejas muertas en un solo evento frente a la Misión Salesiana, hasta la liquidación total de planteles de llamas y gallineros familiares.
Pero el riesgo trasciende lo económico. La preocupación ahora es la salud pública y el medio ambiente:
- Zoonosis: Existe un temor real por el rebrote de la hidatidosis, una enfermedad que hace tres décadas estaba bajo control (nivel cero) y que hoy, ante la falta de programas de desparasitación efectivos y gratuitos, vuelve a acechar.
- Ataques a personas: Ya se han registrado agresiones a turistas en la zona de Ushuaia y a pescadores en San Pablo, lo que pone en jaque la seguridad en áreas recreativas y reservas naturales.

A pesar de que municipios mantienen campañas de castración, los productores consideran que los esfuerzos son “malgasto de dinero” si no hay metas numéricas claras ni control sobre la permanencia de los perros en la vía pública. “Puedo castrar un perro, pero si sigue suelto, el riesgo de mordedura o de que se vaya al campo a matar terneros sigue intacto”, señalan.
“El mayor descontrol es la falta de control. Creamos parques y reservas que no se vigilan, y mientras haya perros sueltos en las ciudades, jamás podremos terminar con el problema en el campo”.
Sin un cambio en la responsabilidad civil de los dueños y una fiscalización rigurosa del Estado —al que señalan como el “mayor terrateniente” responsable de las tierras sin alambrar—, el panorama para la ganadería fueguina parece destinado a seguiran con muchos problemas.
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