Los medios estatales confirmaron esa cantidad de víctimas fatales durante los ocho días de reclamos a raíz del fallecimiento de Mahsa Amini en una sede policial, en la que fue alojada acusada por uso “inapropiado” del velo islámico.
Las protestas por la muerte de Mahsa Amin en Irán encadenaron su quinta jornada este miércoles sin síntomas de perder fuelle y suman ya ocho muertos, mientras las autoridades apuntan al “enemigo extranjero”.
Las revueltas comenzaron tímidamente el viernes tras la muerte de Amini después de ser detenida por la Policía de la moral por llevar mal puesto el velo y se han ido extendiendo, cada vez mayores, en más puntos del país y más violentas.
Los gestos desafiantes cada vez van más lejos, con manifestantes quemando velos e imágenes del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruholá Jomeiní.
Tras varios días de choques, las autoridades elevaron hoy el número de muertos a ocho y el de heridos a varias docenas.
“Desafortunadamente, dos personas murieron en los enfrentamientos de anoche”, dijo el fiscal de la provincia de Kermanshah (noroeste), Shahram Karamí, de acuerdo con la agencia Fars, cercana a la Guardia Revolucionaria.
La fuente añadió que unas 25 personas resultaron heridas en esos choques, entre ellas manifestantes, policías y transeúntes, y acusó a “agentes contrarrevolucionarios” de las protestas en la ciudad de Kermanshah, capital provincial.
Por su parte, el gobernador de la ciudad de Shiraz, Lotfolah Sheibaní, informó de que anoche murió “un asistente de la policía” y cuatro agentes resultaron heridos en las protestas de esta urbe meridional, de acuerdo con Fars.
Estas víctimas mortales se unen a los tres muertos que confirmaron ayer las autoridades de la provincia del Kurdistán iraní, de donde era originaria Amini.
Grupos de derechos humanos del Kurdistán como Hengaw, que tiene su sede en Oslo, elevaron el número de muertos a siete y el de heridos a 450 en choques con las fuerzas de seguridad.
Los iraníes experimentaron el miércoles un corte casi total del acceso a internet en medio protestas multitudinarias contra el gobierno, incluyendo la pérdida de acceso a Instagram y WhatsApp, dos de las últimas plataformas occidentales de redes sociales disponibles en el país.
Un funcionario del gobierno había dicho previamente que podrían tomarse tales medidas por razones de seguridad. La pérdida de conectividad dificultará más para las personas organizar protestas y compartir información sobre la represión de las autoridades.
Amini fue detenida el martes de la pasada semana por la llamada Policía de la moral en Teherán, donde se encontraba de visita, y fue trasladada a una comisaría para asistir a “una hora de reeducación” por llevar mal el velo.
Murió tres días más tarde en un hospital donde llegó en coma tras sufrir un ataque al corazón, que las autoridades han atribuido a problemas de salud, algo rechazado por la familia.
Las iniciales tímidas protestas han ido creciendo en tamaño y se han expandido por el país, mientras la represión policial se ha acrecentado con el uso de porras, gases lacrimógenos y cañones de agua.
Pero ni la represión policial; ni las promesas del presidente, Ebrahim Raisí, de que se investigará la muerte de Amini; ni el envío de emisarios del líder supremo de Irán, Ali Jameneí, a la familia de la fallecida parecen suficientes para poner fin a las protestas.
El país persa vivió en la tarde del miércoles otra ola de protestas, con manifestaciones en las universidades de Teherán, pero también en numerosas ciudades provinciales.